El objetivo del equipo
directivo de una empresa debe ser la máxima creación de valor posible, es
decir, que la compañía valga cada vez más.
Los directivos que persiguen
este objetivo a largo plazo consiguen que sus empresas sean más saludables -económicamente
hablando- lo que genera beneficios como economías más fuertes, mejores niveles
de vida, y más oportunidades de empleo.
Las empresas crean
valor cuando el capital invertido genera una tasa de rendimiento superior al
coste del mismo. El valor de la empresa viene representado por el valor de
mercado de su activo; como es lógico, éste debe ser igual al valor de mercado
de su pasivo que, a su vez, es igual a la suma del valor de mercado de sus
acciones más el valor de mercado de sus deudas.
Si tenemos en cuenta
que, en condiciones normales, el valor del endeudamiento oscilará en las
cercanías de su valor contable, parece lógico pensar que la creación de valor
en la empresa se reflejará básicamente en el aumento del valor de sus acciones
o fondos propios. Éste depende de las decisiones de inversión, financiación y
reparto de dividendos que tome su equipo directivo.
Por tanto, también se
puede decir que el principal objetivo de la gestión empresarial es la
maximización del valor de la compañía para sus propietarios.
En la idea de que al
aumentar el valor de la empresa el principal incremento se produce en el valor
de los fondos propios de la misma. Concretando, este objetivo proporciona al
consejo de administración de la empresa y a su equipo directivo una directriz
clara, que facilita la adopción de decisiones y la evaluación de sus
prestaciones; favorece la formación de capital y la más correcta asignación de
recursos; y, acompasa eficientemente el diseño de la organización a los
incentivos y riesgos de todas las partes implicadas en la empresa.
Por otra parte, es
preciso señalar que el importante papel que representa dicho objetivo en la
asignación de recursos en una economía de mercado no goza de una aceptación
generalizada. Esto se debe, entre otras razones, a la incertidumbre y frustración
que han producido los grandes despidos de personal debido a las
reestructuraciones empresariales realizadas en nombre de aquél y a las críticas
a la alta dirección por buscar, aparentemente, su propio interés y centrarse en
enfoques miopes en la cotización diaria de las acciones. Además, en la Unión Europea
existe una creciente tensión entre las prácticas empresariales que persiguen
este objetivo necesario en un mercado mundial competitivo y la larga tradición
establecida de mantenimiento del bienestar social.

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