La lengua de signos es la lengua natural de las
personas sordas. Mediante ella pueden relacionarse con su entorno social pues
les permite establecer un canal de comunicación básico que es visual y
espacial.
Conviene aclarar que la lengua de signos no es simple
mímica y tampoco es una reproducción visual de alguna versión simplificada de
lengua oral. Tiene una estructura gramatical rica y propia caracterizada por la
configuración de las manos, de sus movimientos, de sus orientaciones, de su
ubicación espacial y de los elementos no manuales como son los movimientos
labiales, faciales, linguales, etc. Como cualquier otra lengua se puede usar
para discutir cualquier tema, ya sea sencillo y concreto o denso y abstracto.
Además, al igual que la lengua oral, se organiza por unidades elementales sin
significado.
Es una lengua viva que está en continúa renovación y
va incorporando neologismos según se van necesitando.
A pesar de que las únicas referencias documentales que
tenemos sobre este lenguaje datan del siglo XVIII, su origen es tan antiguo
como la lengua oral de los hombres y ha sido utilizada por comunidades de
oyentes como por ejemplo es el caso de algunas tribus amerindias. No obstante,
los escasos datos que se poseen tratan especialmente de la educación de los
sordos y reflejan la injusta desestima que han padecido a lo largo de la
historia.
El caso es que un sordo que viva entre personas
oyentes y se encuentre aislado del contacto con otros sordos, desarrollará un
sistema de comunicación basado en signos manuales espontáneos. Esto indica que
tanto sordos como oyentes nacemos con unos principios lingüísticos básicos,
abstractos, que luego utilizamos deduciendo la lengua de nuestra comunidad. El
lenguaje de signos va surgiendo de manera natural cuando un sordo entra en
contacto con otro u otros sordos. De esta forma, las lenguas de signos
gestuales existen desde que dos o más personas sordas tuvieron la oportunidad
de comunicarse. Así, es erróneo pensar que la lengua de signos depende de la
lengua oral y que utiliza básicamente el deletreo de una lengua oral a través
de símbolos gestuales o que fue inventada por oyentes.
Por otra parte, es importante destacar que la lengua
de signos no es universal sino que existen diferentes lenguas de signos en unos
países y en otros, e incluso dentro de un mismo país hay variedades
dialectales. Aproximadamente existen cincuenta lenguas inteligibles entre sí y
numerosos dialectos, algunos de los cuales coexisten en una misma zona. Por
poner sólo un ejemplo, la lengua de signos americana difiere mucho más de la
lengua de signos inglesa de lo que difieren ambas lenguas en el plano oral. En
general, las variaciones entre las lenguas de signos de las diferentes regiones
españolas no son muy acusadas, excepto en Cataluña. Pero en lo referente a este
aspecto las investigaciones no han avanzado demasiado y todavía no se sabe si
esas diferencias se dan únicamente en el campo léxico o también en el campo
morfológico y sintáctico.
Existe un Sistema de Signos Internacional (SSI) o
también conocido como gestuno. Se trata de una mezcla artificial de los signos
de las diferentes lenguas que forman una nueva lengua estándar o internacional.
Podríamos decir que este sistema de signos o lengua de sordos internacional
sería el equivalente (en intenciones) a la lengua oral del esperanto. Sin
embargo, ni la una ni la otra han conseguido un buen desarrollo a causa de su
artificialidad. Pero al igual que entre la comunidad de oyentes se ha impuesto
el saber inglés como lenguaje internacional para facilitar los encuentros entre
personas de diferentes nacionalidades, en el caso de los sordos la tendencia es
la de utilizar prioritariamente la lengua de signos americana entre las
personas que no comparten una lengua de signos común y necesitan comunicarse
sin la intermediación de un intérprete.
HISTORIA
Resumiendo y a efectos históricos: Desde el siglo X
hasta principios del XIX, el lenguaje de los sordos en España se llamaba de
“señas”, sin más. Durante casi todo el XIX, y a causa de influencia de la
escuela francesa entre los maestros españoles, pasó llamarse de “signos”, un
término hay que decir que muy “afrancesado”, y ya en el siglo XX, desde el
principio hasta como mínimo el año 1992, volvió de nuevo a cambiar de nombre al
denominarse “lenguaje mímico” o “gestual”, y ahora en la actualidad, en el
siglo XXI, ha vuelto otra vez a cambiar a “signos”. Cuestiones semánticas al
fin y al cabo.

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